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Historia

HISTORIA

En lo que es hoy el término municipal de Villanueva de San Carlos, existen tres núcleos de población: Villanueva de San Carlos y sus dos anejos o pedanías: La Alameda y Belvís. Es precisamente en este último, donde se encuentran los orígenes de todo el término municipal. En el año 1.184, bajo dominación musulmana, ya tenía población con el nombre de Borgafemel, que según González, en su obra Alfonso VIII, tomo 2º, página 768, pasó a denominarse Belvís.

El término de Belvís fue muy extenso, por cuanto en su quinto de "Las Huertas" se construyeron, en el siglo XVII, unas viviendas que formaron la Aldea de Huertezuelas, muy distante de Belvís y ahora jurisdicción municipal de Calzada de Calatrava, según puede desprenderse del mejor y más exhaustivo tratado de los aspectos que se puedan destacar en el Campo de Calatrava, como es el de Corchado y Soriano. 

Tanto el término municipal de Belvís, como sus colindantes, fueron explotados durante siglos, casi exclusivamente, con ganado trashumante que entraba procedente de Cuenca, por el puerto de "Villadiego".

Ya en 1.385, (Maestrazgo de Don Gonzalo Núñez de Guzmán) es construida la encomienda de Belvís y sus vasallos serían los que, cuatro siglos después, protagonizaran la colonización de lo que sería Villanueva de San Carlos.

Eran tierras que no llamaban la atención de nadie, pues hay constancia de que en 1.627, se dio a censo 385 fanegas de tierra a vecinos de Argamasilla en su término, también unido a la "Obrería" de la Orden de Calatrava.

La colonización interior sí se convirtió en un problema, intentándose solucionar de distintas formas. Tiene sus antecedentes en la Real Cédula de Felipe II, en 1.571, con el traslado de poblaciones cristianas a lugares antes ocupados por "moriscos, o con extranjeros, como en tiempo de Fernando VI y, en nuestro caso, con Carlos III, bajo la dirección de Olavide, el cual llevó a efecto la tan conocida colonización de los territorios de Sierra Morena.

Es precisamente a través del Santuario de Santa María de la Cabeza, que no cae muy lejano, de donde llegó a los oídos de los humildes labradores de Belvís ese movimiento colonizador, probablemente en algún viaje piadoso.

El caso es que el día 2 de Mayo de 1.769, un honrado labrador de Belvís (Francisco Caballero), en representación de los setenta vecinos, se dirigió al Duque de Montellano (Comendador de la Obrería de Calatrava), pidiéndole que le concediera a "pastos y labor", el aprovechamiento de los cinco quintos: Pardillo, Caleras, Gallineros, Ensancha y Trampas. Esta petición se hacía dentro de la orientación general que daba el Real Decreto, de 28 de Febrero de 1.767, según el cual, no podía haber ganaderos sin labor, ni agricultores sin ganado.

Abierto el expediente, comparecieron, oponiéndose e prior del Sacro Convento y los ganaderos del honrado Consejo de la Mesta, Miguel Maestro y Manuel Cardeño. No obstante, conformándose con el dictamen favorable del Fiscal del Real y Supremo Consejo de Castilla, que resolvió por auto de 4 de julio de 1.769, de acuerdo con la pretensión del vecindario y autorizó al Duque de Montellano para otorgar escritura pública de censo enfitéutico. Esto se hizo sobre los cinco quintos, ante el Escribano de Almagro, Don Vicente Linares, de una parte; y de otra, Don Francisco Caballero, el día 20 de Octubre de 1.769, teniendo que abonar los vecinos diez mil cuatrocientos reales de vellón por cada año.

Fue tanto el tesón y entusiasmo de aquellos labradores que, en tres años, el rey Carlos III les reconoce lo hecho y, con fecha 3 de noviembre de 1.772, acuerda autorizar que dentro del quinto "Pardillo" fueran edificadas 15 casas y un oratorio, siendo así como arranca la historia de Villanueva de San Carlos.